Onboarding, síndrome del impostor y el chip del aprendiz
8 de marzo de 2026
Un mes part-time. Una semana full-time.
Y la sensación persistente de que esto es un sueño. Lo he dicho varias veces y lo repito sin culpa: hay trabajos que te recuerdan por qué elegiste esta industria.
Arrancar en un nuevo equipo —especialmente en la industria tech— viene con una carga: la presión de producir desde el primer día. Esta entrada no es solo sobre mi extremadamente grata experiencia de onboarding en Publica.la. Es también sobre la psicología detrás del onboarding, sobre un síndrome que afecta a más de la mitad de los desarrolladores, y sobre cómo una buena cultura de equipo puede marcar la diferencia.
El chip que cuesta apagar
Quienes venimos de proyectos freelance o de entornos de exigencia tóxica desarrollamos un reflejo: producir o morir. Commits diarios, tickets cerrados, funcionalidades entregadas. Ese modo de operación es válido y necesario de vez en cuando, pero cuando llegas a un nuevo trabajo, ese mismo chip puede jugarte en contra.
Según la Harvard Business Review, las organizaciones más efectivas entienden que el onboarding no termina en la primera semana, ni en el primer mes. Los mejores procesos se extienden durante el primer año, cubriendo tres dimensiones: la organizacional (entender cómo funciona la empresa), la técnica (dominar las herramientas y el código base) y la social (integrarse genuinamente al equipo).
El problema es que muchos desarrolladores ignoramos la dimensión social y técnica del onboarding porque estamos demasiado ocupados tratando de demostrar que no fue un error contratarnos. Y ahí es donde entra en juego otro fenómeno.
El síndrome del impostor en la industria tech
En 1978, las psicólogas Pauline Clance e Suzanne Imes describieron por primera vez el fenómeno del impostor: la incapacidad de interiorizar los logros propios y el miedo persistente a ser “descubierto” como un fraude, independientemente de la evidencia objetiva de competencia.
Décadas después, la industria tecnológica se ha convertido en uno de sus hábitats naturales. Un estudio publicado en arXiv que analizó específicamente a ingenieros de software encontró que el 52.7% experimenta niveles frecuentes o intensos del fenómeno del impostor. Otro estudio posterior del mismo repositorio, publicado en 2025, confirma que la prevalencia varía significativamente por género y origen étnico, y que tiene un efecto negativo estadísticamente significativo sobre la productividad percibida.
Dicho en simple: más de la mitad de las personas que escriben software contigo probablemente sienten, en algún momento, que no merecen estar ahí.
Dato clave
En estudios de estudiantes de Ciencias de la Computación, el 71% de las mujeres y el 52% de los hombres reportaron sentimientos frecuentes de síndrome del impostor. La industria tech amplifica el fenómeno por su cultura de excelencia técnica visible y constante comparación entre pares.
Una dosis sana, un umbral peligroso
Aquí va mi lectura personal, y la aclaro como opinión, no como consejo clínico: creo que existe una dosis sana del síndrome del impostor.
Cuando sientes que todavía tienes mucho que aprender, eso te mantiene curioso, humilde y abierto al feedback. Es la diferencia entre el desarrollador que pregunta “¿por qué se hace así?” y el que asume que ya lo sabe todo. Un nivel moderado de esa incomodidad es señal de que te importa crecer. En las aulas de clase escuchamos casi toda la vida que “no hay preguntas tontas, solo tontos que no preguntan”. En el trabajo, esa frase se vuelve “no hay preguntas tontas, solo tontos que no preguntan… y terminan haciendo algo mal por no preguntar”.
Pero hay un umbral donde esa incomodidad deja de ser motor y se convierte en parálisis. Cuando el síndrome del impostor te impide pedir ayuda, te lleva a sobre-trabajar para “compensar”, o te genera ansiedad crónica, ya no es una dosis sana: es algo que merece atención profesional.
Si estás sufriendo demasiado
Si el síndrome del impostor te está afectando de forma significativa —insomnio, ansiedad constante, autocrítica destructiva— te recomiendo buscar un profesional de salud mental. No es debilidad, es inteligencia emocional. Platzi tiene un recurso que aborda exactamente esto:
Qué es y cómo superar el SÍNDROME DEL IMPOSTOR
Una conversación práctica sobre cómo identificar el síndrome del impostor en la industria tech y las herramientas para manejarlo.
Lo que el equipo sí puede cambiar
Volvamos a mi experiencia. ¿Han visto la cantidad de memes que hay sobre “cuando encuentras un trabajo donde no te explotan”? Suelen mostrar a alguien en estado de shock, mirando con desconfianza algo perfectamente normal, sin poder creerlo.
Hay algo de verdad incómoda en ese meme. Estamos tan condicionados a entornos donde el caos es la norma —donde los problemas se resuelven a gritos y a último momento, donde el estrés es una medalla— que cuando encontramos un entorno donde el caos se gestiona con calma, nos resulta extraño. Es como cuando escribes código casi en piloto automático y funciona a la primera: un momento de “¿en serio? ¿así nomás?”.
Eso describe bien mis primeras semanas en Publica.la. Un proceso de onboarding estructurado. Un equipo que vive sus valores sin necesidad de anunciarlos. Espacio genuino para preguntar, para equivocarse, para aprender.
Lo que la investigación dice sobre esto
Las empresas con programas de onboarding bien estructurados reportan un 62% más de productividad en sus nuevos empleados y un 50% más de retención a largo plazo, según datos de Zippia basados en múltiples estudios de RRHH. La cultura del equipo no es un beneficio secundario: es infraestructura.
Un equipo que te hace sentir bienvenido no elimina el síndrome del impostor, pero lo mitiga significativamente. En mi caso, la transparencia del equipo, la disponibilidad para responder preguntas y la normalización de “no saber aún” han sido los mejores antídotos.
Cierre
Si estás en onboarding ahora mismo, o estás a punto de empezar en un nuevo trabajo: date permiso de ser aprendiz. No estás ahí para demostrar que ya sabes todo —estás ahí para aprender cómo funciona ese sistema específico, ese equipo específico, esa cultura específica—, como me dijo Franco (CTO de Publica.la) “Nadie espera que sepas todo de todo”.
Y si sientes ese susurro de “¿y si no soy suficientemente bueno para esto?”, bienvenido al club del 52.7%. La diferencia entre quienes prosperan y quienes se estancan no es la ausencia de ese susurro, sino lo que hacen con él.
¿Cómo fue tu proceso de onboarding más memorable? Me interesa leer tu experiencia. También publiqué una versión más corta de esta reflexión en LinkedIn.